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Por el Master of the Universe @chrismultiverse
Los años ochenta fueron, para muchos, el hogar de algunas de las mejores películas de la historia del cine. Muchas de ellas lograron trascender el paso del tiempo hasta convertirse en verdaderos íconos de la cultura popular. Solo en 1989 llegaron a las salas producciones tan memorables como Batman, Volver al Futuro II, Indiana Jones y la Última Cruzada, Halloween 5 y Kickboxer, entre muchas otras que marcaron a toda una generación.
Ese mismo 1989 también fue un año de profundos cambios para Chile, al convertirse en un período de transición entre la dictadura y el retorno a la democracia. En diciembre se realizaron las elecciones presidenciales que marcarían el inicio de una nueva etapa para el país. Sin embargo, como ocurría con la mayoría de los niños de la época, muchos vivíamos completamente ajenos a la importancia histórica de aquellos acontecimientos.
Al mismo tiempo, 1989 representaba un período de importantes avances tecnológicos, aunque todavía conservaba la esencia de una infancia muy distinta a la actual. Los años 80 fueron parte de las últimas décadas en que los niños recorrían el barrio buscando a sus amigos casa por casa para salir a jugar, en una época todavía muy lejana —aunque no tanto— de los teléfonos celulares, internet y las conversaciones a través de las redes sociales.
A finales de los años ochenta, Salo, la compañía responsable de entregarnos algunos de los mejores álbumes de colección, regresó con un concepto que no exploraba desde 1975 con su recordado álbum Zoo Color (espero estar acertado con ese dato). Fue así como, en 1989, lanzó “Animales y sus Cachorros”, una colección con un enfoque educativo y naturalista que, lamentablemente, hoy es poco recordada por la mayoría de los coleccionistas.
Lejos de alcanzar el estatus icónico de otros álbumes de la época, como Basuritas —publicado ese mismo año—, Robotech, SilverHawks o las exitosas colecciones basadas en dibujos animados que hicieron volar la imaginación de más de un par de generaciones, Animales y sus Cachorros pasó más desapercibido. Sin embargo, con el paso del tiempo se ha convertido en una verdadera joya para quienes valoran las publicaciones retro de Salo y el coleccionismo de finales de los años 80.
Animales y sus Cachorros era un álbum sencillo y con un marcado enfoque educativo, muy en la línea de las colecciones que habitualmente publicaban marcas como Artecrom o Mundicrom. Su contenido estaba pensado para enseñar y entretener al mismo tiempo, permitiendo conocer distintas especies animales junto a sus crías a través de ilustraciones y datos interesantes.
Aún recuerdo que, por esos años, mis hermanas mayores me iban a dejar al trabajo de mi padre, donde pasaba el resto de la tarde después de salir del liceo. Al terminar la jornada laboral, había un ritual que nunca podía faltar: visitar el quiosco ubicado en la esquina, justo a la salida del INP. Fue allí donde, además de los sobres de Animales y sus Cachorros, también me compraban los de Italia 90 y Basuritas, tres colecciones que marcaron mi infancia.
Creo que los sobres de aquella época tenían un aroma incomparable. Tal vez era la emoción de abrirlos y descubrir qué láminas venían en su interior lo que hacía que esa sensación fuera tan especial. Lo cierto es que había algo mágico en esos años y en todo lo relacionado con el mundo del coleccionismo, una experiencia que difícilmente podrá repetirse en las nuevas generaciones.
Ahora sí, vayamos a lo nuestro, aunque en esta ocasión la explicación será bastante breve. Animales y sus Cachorros cumplía exactamente con lo que prometía su título: en cada lámina aparecía la ilustración de un animal adulto junto a su cría, acompañada de una breve reseña con información sobre la especie y su hábitat.
Cada texto tenía un estilo similar al de los documentales de vida salvaje, entregando datos educativos de manera simple y entretenida. A modo de ejemplo, la lámina dedicada a la Pantera Negra señalaba:
“Este hermoso felino de un color negro muy intenso vive en las junglas de Indonesia. De talla superior a la del leopardo africano, se desplaza por el corazón de las selvas boscosas.”
Esa era precisamente la esencia del álbum: una colección pensada para aprender sobre el reino animal mientras se disfrutaba del clásico desafío de completar cada página, convirtiéndose en una alternativa diferente dentro del catálogo de Salo, dominado por personajes de televisión, superhéroes y series animadas.
El álbum estaba dividido en ocho secciones temáticas: Animales de África, Asia, Europa, Oceanía, América, regiones polares, la montaña y animales de la granja, ofreciendo un recorrido por distintas especies de todo el mundo y convirtiéndose en una colección tan entretenida como educativa.
Todas las láminas eran de cartón y se presentaban en formato horizontal, una característica que lo diferenciaba de muchas otras colecciones de la época. Además, el álbum no incluía cupón para canjear una vez completado, tampoco contaba con una página central con cuentaláminas o algún sistema para registrar el avance de la colección. De hecho, ese tipo de elementos comenzó a hacerse habitual recién a principios de la década de los 90, cuando Salo incorporó nuevas dinámicas para incentivar completar sus álbumes.
Los premios que ofrecía el álbum eran sencillos, pero para nosotros representaban un verdadero tesoro. Se podían canjear diez pequeños animales de la selva fabricados en goma dura y de un solo color, entre ellos un elefante, jabalí, mono, hipopótamo, leopardo, león, rinoceronte, cocodrilo, otro felino y un gorila. Además, existía una selva de cartón para armar, ideal para recrear el hábitat de estas figuras y dar rienda suelta a la imaginación.
Para obtener estos premios era necesario presentar un cupón del álbum junto con una pequeña suma de dinero: un cupón más 20 pesos permitía canjear uno de los animales, mientras que un cupón más 60 pesos daba derecho a la selva de cartón.
Puede parecer un monto insignificante visto desde la actualidad, pero hay que situarse en el contexto de finales de los años 80. En aquella época, una figura de acción de SilverHawks costaba alrededor de 1.500 pesos, por lo que, si llevamos ese valor a dinero actual, perfectamente podría equivaler a unos 15 mil pesos o incluso más. Por eso, aunque los premios de Animales y sus Cachorros eran modestos, para cualquier niño de entonces tenían un valor enorme y hacían que completar el álbum fuera una experiencia aún más especial.
Antes de finalizar, quiero agradecer a Nicolás Bravo M., quien de manera completamente desinteresada me regaló láminas para completar el álbum, un cupón y, como si fuera poco, me envió la Selva para armar. Todo ese gesto despertó en mí una enorme nostalgia y me transportó de inmediato a aquellos años, al punto de estar a punto de derramar una lágrima. Su gesto fue el empujón que necesitaba para animarme a realizar este pequeño review que hoy puedo compartir con todos ustedes.
¿Y tú? ¿Tienes algún buen recuerdo de este álbum o del año 1989? Deja tu respuesta en los comentarios.
Galería de fotos al final del review
Ficha Técnica
Álbum: Animales y sus cachorros
Editorial: Salo
Año: 1989
Laminas: 176 de cartón
Especiales: No hay
Tapa: Cartón
Páginas: 32
Tipo de papel de las hojas: Prensa, como un periódico, pero más grueso
Tamaño álbum: 27.5 x 20.8
Tamaño Laminas: 7.4 x 5.1
Tamaño Selva: 37.1 x 29.5
GALERÍA
Colección Personal
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Álbum Animales y sus Cachorros – Salo
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Que lindo recuerdo, sin duda uno de los álbumes mas bellos y entrañables publicados en Chile, definitivamente marcó mi interes por el arte y la naturaleza desde muy pequeño. Gracias por esta hermosa reseña.
Hola, que genial que hayas pasado por acá y recordar algo de tu infancia, en lo posible intentaré seguir subiendo mas reseñas.
un abrazo
@chrismultiverse